Desempolven el playlist de Fall Out Boy, Paramore y Green Day, porque Stupid Never Dies trae toda la vibra punk rock de los 2000. Después de más de 15 horas de juego, te traigo mi más honesta review de este nuevo roguelike. ¿Tiene lo necesario para convertirse en un referente del género? Vamos a descubrirlo.
Una historia de zombies con corazón
Vamos al grano. Tengo sentimientos encontrados con este juego. Por un lado, soy fan del género roguelike, fan declarado del punk rock y los juegos de zombies siempre son un must para mi galería. Pero… hay temas que tenemos que discutir.
Comencemos con la historia. En Stupid Never Dies (SND para los cuates), nos sumergimos en un mundo regido por los muertos vivientes. La misma historia de toda la vida: un virus malvado mutó y acabó con más de la mitad de la población. Hasta aquí, bastante estándar dentro del género.
Ahora, seguramente estás pensando que nosotros encarnamos a algún valiente sobreviviente… pues en realidad no. Todo lo contrario. Nosotros somos Davy, un zombie de pacotilla, lento y soso. De ahí el nombre del juego. Por azares del destino y guiado por el hambre, termina devorando algo que no debía: un huevo de Fénix. Ahora Davy tiene la habilidad —o maldición— de poder revivir las veces que sea necesario. ¿«Revivir» un zombie? No sé si dicha cosa existe, pero ocurre.
Por si fuera poco, el científico que trabajaba con dicho huevo le deja una encomienda a nuestro querido zombie: acabar con la amenaza que está destruyendo el mundo. Davy no está tan interesado en ayudar al principio; después de todo, es un zombie y nada de lo que hagan podrá curarlo. Sin embargo, es ahí donde encuentra lo que se convertirá en el motor y corazón del juego: la chica congelada. Pero no entremos en detalles todavía.
Como ves, la premisa es sencilla, interesante y tiene unos tintes de humor negro bastante bizarros. Eso sí, como en todo roguelike, la historia no será lo que nos haga pasar horas frente a la pantalla. Para eso está el gameplay, y aquí es donde empezamos a ver los huesitos del juego.
Un roguelike con buenas ideas y un combate que no termina de convencer
¿Has jugado un roguelike antes? Es muy sencillo: son juegos compuestos por partidas en las que comienzas una run y poco a poco consigues experiencia, equipamiento y habilidades. Al morir, gran parte de tu progreso se pierde y, cuando vuelves a intentarlo, el escenario puede haber cambiado. El chiste es ir mejorando a tu personaje lo suficiente para que cada intento te permita llegar más lejos. Esa sensación de progreso es genial y es lo que hace que este género sea tan adictivo.
En SND, la esencia es exactamente la misma. Cada vez que entramos a una partida comenzamos desde cero, sin habilidades ni armas. Conforme vas descendiendo por las mazmorras, te equipas poco a poco hasta conseguir una build lo suficientemente buena como para llegar a los jefes de cada etapa.
Lo interesante de SND es que cuenta con mecánicas propias bastante llamativas. ¿La más curiosa? Comerse al rival.
En cada mazmorra encontrarás enemigos especiales a los que Davy podrá devorar para obtener sus poderes durante un tiempo limitado. ¿Interesante? Por supuesto. Esto te invita a probar las distintas variantes de Davy, experimentar con sus ataques y descubrir cuáles se adaptan mejor a tu estilo de juego.
Además, al finalizar cada partida regresas al punto donde todo comenzó: el centro comercial. Aquí podrás mejorar el equipo de Davy y comprar nuevas habilidades que te darán un boost en tu siguiente intento.
Hasta aquí, todo suena bastante bien. El problema es que una buena idea no siempre se traduce en una buena experiencia al jugar, y es justo aquí donde empiezan los tintes agridulces que te comenté al principio.
El juego es divertido, pero su sistema de combate es… algo tosco. Me sorprende, porque los desarrolladores son excolaboradores de Capcom, conocidos por su maravilloso trabajo en la franquicia Devil May Cry. Honestamente, esperaba un combate mucho más frenético y preciso. Las imágenes promocionales y los tráilers se ven llenos de acción, y si bien los jefes son interesantes y representan un buen reto para el jugador, el sistema de combate no termina de acompañarlos.
Para comenzar, no contamos con un sistema de targeting; es decir, no podemos fijar directamente a un enemigo como objetivo. Esto resulta especialmente frustrante porque afecta a la mecánica que distingue al juego: las mordidas.
Cuando tienes varios enemigos en pantalla, es difícil conseguir que Davy devore al rival especial que buscas. Muy frecuentemente terminas mordiendo a otro enemigo que no te brinda ninguna habilidad o, peor aún, no logras morder a nadie.
Y vaya que llega a ser incómodo. Te acostumbras a presionar el gatillo para morder, pero Davy ejecuta una animación algo lenta. Durante ese momento, prácticamente rezas para que el enemigo no gire o se mueva; de lo contrario, terminarás mordiendo el aire.
El resultado es frustrante, porque una mecánica que debería ser de las más divertidas termina convirtiéndose en un obstáculo. SND tiene buenas ideas, pero necesita un combate que esté a la altura de ellas. Básicamente, tenían el combo completo para pegarte un verdadero vicio, pero la ejecución termina decepcionando.
Una carta de amor a los 2000
Hablemos del apartado visual. Estuve jugando en PS5 y pienso que pudieron exprimir mucho más la potencia de la consola. Aunque el juego corre de manera sólida a 60 fps, algo indispensable para un título de acción, lo visual termina por verse algo acartonado, sobre todo en las mazmorras.
Dentro del centro comercial, en cambio, nos encontramos con un escenario mucho más pulido. La estética punk es increíble y pega duro en la nostalgia. No solo las actuaciones de voz, las expresiones, la música y los colores gritan por todos lados «2000s»; el concepto entero es súper dosmilero.
Si eres millennial como yo, seguramente te sentirás en casa. Y es que la música punk rock acompaña muy bien esa identidad. Entre las referencias musicales y el estilo visual, SND consigue transmitir una personalidad que lo distingue de otras propuestas del género.
Es una lástima que el apartado visual no mantenga ese mismo nivel en todos sus escenarios, porque hay una dirección artística interesante que merecía un poco más de cuidado.
La chica congelada: el corazón de cada partida
Hablemos de la chica congelada. Davy se la encuentra por accidente dentro del congelador del centro comercial, nuestro zombie queda perdidamente enamorado y decide salvarla. Lamentablemente, únicamente el rey demonio puede sacarla de su letargo, por lo que Davy decide continuar adentrándose en las mazmorras cada vez que tiene oportunidad.
Algo muy particular de los roguelikes es que la mayoría gira en torno a un eje central que funciona como combustible para que el jugador vuelva a intentarlo. Al tratarse de un género muy repetitivo, en el que enfrentarás a los mismos tipos de enemigos una y otra vez durante decenas de horas, necesitas un motivo para regresar.
SND utiliza a la chica congelada para despertar tu curiosidad. Cada run puede significar encontrar un tesoro, desbloquear algún logro o conseguir algo que nos ayude a reconstruir su historia. Davy no sabe absolutamente nada de ella, pero la ama con todo su corazón zombie.
Un toque genial es que podemos visitarla en cualquier momento y todos los regalos que le vayamos dejando aparecen en el congelador junto a ella. Es un detalle sencillo, pero que le da personalidad a la progresión y hace que nuestros avances tengan un significado más allá de conseguir mejores habilidades para la siguiente partida.
Es de esas pequeñas ideas que te recuerdan que, detrás de las mazmorras y los combates, también hay una historia que vale la pena descubrir.
Lo mejor
- La estética dosmilera: una identidad punk rock que despierta la nostalgia, especialmente si creciste con la música de aquella época.
- La progresión y las mecánicas: devorar enemigos para obtener sus poderes y mejorar a Davy entre partidas son ideas con mucho potencial.
- La chica congelada: un objetivo que despierta curiosidad y un sistema de regalos que le da un toque especial a cada avance.
Lo peor
- El sistema de combate: la falta de targeting y las animaciones lentas hacen que una mecánica central, como devorar enemigos, resulte frustrante.
- El apartado visual en las mazmorras: aunque el juego corre a 60 fps en PS5, algunos escenarios se sienten acartonados y podrían lucir mucho mejor.
Veredicto Neutral Game
Stupid Never Dies tiene varios ingredientes para volverte un completo zombie: música, visuales, una premisa divertida y buenas ideas jugables. El problema es que falla justo donde más importa: en el combate, que termina por convertirse en su mayor debilidad.
Quizá sea porque vengo de terminar Onimusha: Way of the Sword, un juego en el que realmente disfrutas cada enfrentamiento porque el combate resulta satisfactorio. La comparación me hizo notar todavía más lo que le falta a SND. No necesita reinventar el género, pero sí pulir su sistema de combate para que sus mecánicas funcionen como deberían.
A pesar de todo, hay una propuesta interesante debajo de esos tropiezos. La estética punk, la progresión y la curiosidad por descubrir más sobre la chica congelada consiguen que haya motivos para seguir jugando. Sin embargo, esos aciertos no siempre compensan la frustración de un combate que podría ser mucho más divertido.
Stupid Never Dies tiene buenas ideas, pero necesita pulirlas para evitar terminar como muerto en vida.