Hace 1 día

POR Morri

Hasta cuando a Nintendo le va bien, alguien le busca el pero

Ocarina of Time hizo que la gente volviera a formarse en las tiendas y es el juego mejor calificado de 2026, pero varios titulares prefirieron hablar del desorden, de los compradores molestos y de la emulación en PC.

Cada vez que Nintendo hace algo bien, parece que alguien tiene que encontrarle el problema. Con The Legend of Zelda: Ocarina of Time para Switch 2 pasó otra vez, y me parece raro que se hable tan poco de lo que realmente estaba ocurriendo.

El 5 de noviembre vimos algo que parecía de otra época: ventas de medianoche, filas larguísimas, gente disfrazada y jugadores emocionados por llevarse su copia. GamePlanet hizo una venta nocturna en 40 sucursales de México. En Londres, un periodista de The Guardian se encontró con unas 500 personas afuera de una tienda. Todo esto en plena era de comprar un juego con un botón y esperar a que se descargue.

Nintendo logró que un lanzamiento volviera a sentirse como un evento, y varios medios decidieron que la historia era otra.

La fila era la noticia, no la tienda

Atomix publicó una nota con el título «Se reporta terrible experiencia en venta nocturna de Ocarina of Time en Gameplanet». Habla de esperas eternas, fallas en las preventas, desorden y aumentos de precio que nadie esperaba en algunas ediciones.

Las quejas son legítimas. Si pagaste por adelantado y terminaste horas esperando porque la tienda no supo organizarse, tienes todo el derecho de reclamar, y la prensa tiene que contarlo.

Pero fíjate en lo que pasó: una tienda que no pudo con la cantidad de gente terminó siendo la protagonista de uno de los lanzamientos más grandes del año. Que cientos de personas estuvieran dispuestas a pasar la noche formadas por un videojuego también era una historia, y casi nadie se detuvo a contarla.

Ni siquiera fue cosa solo de México

El 6 de noviembre, The Guardian publicó una crónica sobre el regreso de las ventas de medianoche. Su periodista fue al lanzamiento de Londres y contó cómo las esperas largas y los problemas con los artículos promocionales le arruinaron parte de la emoción.

Ojo, que no es un texto contra Nintendo. Reconoce lo difícil que es hoy juntar a tanta gente en una experiencia así. Pero termina igual: una convocatoria que sacó a cientos de personas de sus casas acabó marcada por la frustración de los que no recibieron lo prometido.

Se pueden criticar los desastres de organización y también hablar de lo que significa que haya 500 personas en una fila. No hay que escoger una de las dos.

Que corra en PC no le quita nada a nadie

Mientras la gente hacía fila, también salieron notas sobre la emulación. PC Gamer contó que el remake supuestamente ya llegaba a 60 FPS en PC a pocas horas del estreno. Las primeras pruebas, eso sí, andaban entre 20 y 30 FPS, con parpadeos y fallas visuales. Tarreo habló después de una versión que ya movía algunas partes a 4K y 60 FPS.

Que sea noticia está bien, es un tema técnico con su interés. Lo que no me late es tratarlo como si fuera tan importante como el lanzamiento mismo. ¿Qué cambia? ¿Que una PC potente corra parte del juego con software experimental hace que la gente de las filas valga menos? ¿Quien se compró una Switch 2 se equivocó?

Claro que no. Un emulador no tumba el éxito de un juego, igual que una tienda desorganizada tampoco lo define.

Las filas dicen algo del formato físico

Estas filas aparecieron justo cuando buena parte de la industria quiere convencernos de que todo va a ser digital. Y Nintendo tampoco es inocente: las tarjetas llave de Switch 2 obligan a descargar el contenido, y las críticas de quienes defendemos la preservación tienen toda la razón.

Por eso mismo llama tanto la atención lo de Zelda. La gente podía comprarlo digital y empezar a jugar sin salir de casa, y aun así muchos prefirieron esperar horas por una copia física. No es solo nostalgia. Todavía hay jugadores que quieren una caja, algo que guardar y un lanzamiento compartido con otras personas.

Las filas no dicen cuántas copias vendió Nintendo ni prueban que lo físico venda más que lo digital; para eso hacen falta cifras. Pero sí muestran que existe un público que se mueve, espera y se organiza por un juego en físico. Con compañías dejando atrás los discos, esa debería ser una de las historias principales.

¿Ahora también le van a buscar una excusa para Juego del Año?

El remake de Ocarina of Time tiene 96 en Metacritic en sus primeros días, el juego mejor calificado de 2026 hasta ahora. Y no son cinco fans defendiendo a Nintendo en redes: son decenas de medios especializados que lo jugaron y coincidieron.

Aun así, ya llegó la discusión de si un remake puede ganar Juego del Año. Debería ser fácil: si es de los mejores juegos del año, claro que puede. The Game Awards deja que los remakes compitan en todas las categorías, y el 90% de la votación es del jurado, con solo 10% del público. O sea que pesa mucho el criterio de la prensa.

No digo que haya un plan para impedir que Zelda gane, ni que merezca el premio solo por ser Ocarina of Time. Lo raro es que todavía haya que discutir si un remake merece competir. Nintendo reconstruyó uno de los grandes clásicos, lo modernizó y lo puso entre lo mejor del año. ¿Por qué tendría que arrancar con desventaja? ¿Su calidad desaparece porque la historia ya existía?

Si GTA VI resulta mejor, que gane GTA VI. Pero que Zelda gane o pierda por lo bueno o lo malo que sea, no porque alguien decida que un remake no debe llevarse el premio grande.

No es defender a Nintendo

Cuando Nintendo se equivoca hay que decirlo, y nosotros lo hacemos. Pero esa misma exigencia debería valer cuando hace las cosas bien.

Este lanzamiento juntó a jugadores de distintas generaciones, trajo de vuelta las ventas de medianoche y recibió una crítica extraordinaria. Que haya desorden en una tienda merece su nota, y que la emulación avance rápido también. Lo que no debería pasar es que eso tape lo que Nintendo logró.

Mientras unos discuten los FPS de un emulador o las cajas de una preventa, cientos de personas recuperaron una tradición que muchos ya daban por muerta. Por más vueltas que le demos, las filas estaban ahí.

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