Este mes voy a adueñarme de un tema que Juanjo, un compañero del podcast FrikisHaters, suele tratar en las charlas que realizamos en el programa. Un juego… ¿realmente es malo como normalmente vemos reflejado en la comunidad gamer? O por contra: ¿influye más el momento que estemos para que lo disfrutemos más o menos? Es algo que ando teniendo muy presente últimamente porque puedo considerar que he tenido una temporada apática que propició Expedition 33. Un juego que claramente cuando decidí jugarlo no era el momento adecuado. Y que tras haber jugado Denshattack! y ahora estar intentando acabar Visions of Mana, me queda claro que son factores que afectan más de lo que creemos.
Descartando los juegos mediocres
Quiero dejar claro que en esta reflexión voy a excluir todos los videojuegos que se clasifiquen como malos por malas praxis. Ya sea porque se lanzan con bugs, monetizaciones agresivas, un pésimo rendimiento o una historia inexistente. Obviamente cuando nos encontramos errores de este estilo aunque hubiera sido el momento ideal para poder decir que los hemos disfrutado, no va a suceder.
Y es que un producto que claramente va solo a buscar llenar los bolsillos de los jefes con corbata o que aparece al mercado incompleto (mal rendimiento y bugs que lo hagan injugable queda claro que no debería de lanzarse) nunca se va a poder justificar con otros factores que todo el mundo lo rechace. Hoy voy a hablar más de esos videojuegos que ves cómo masivamente (o en tu grupo de amigos) despierta ciertas sensaciones que en tu caso aunque te esfuerces, no lo vas a poder ver. Al menos, en ese momento que te encuentras cuando has decidido darle al botón del play.
Cada ciclo vital pide una experiencia diferente
Es innegable que cada etapa vital que vivimos, nos va a pedir una experiencia diferente. En etapas tempranas que no eres tan consciente de los asuntos de la vida, un videojuego es para jugar. Te puede ayudar a conectar con otro mundo y hacerte volar la imaginación. Pero tienen que ser temas sencillos. Dramas o telenovelas muy posiblemente no estés dispuestos a experimentar.
O en esos juegos puedes valorar por ejemplo la jugabilidad pero no ser consciente de lo que realmente te estaba contando. Sucede mucho con la nostalgia que tenemos un enfoque y que pasado los años si osamos revisitar, las sorpresas que nos podemos llevar son muy grandes. Hasta el punto de que ese videojuego que teníamos en un altar, acabe siendo normalito. O que ahora no puedas decir que te gusta porque el chasco ha sido gigantesco.
¿Era acaso tal joya como creías? O era un juego normalito que simplemente te ofreció lo que ese momento te llenaba… ¿y la nostalgia ha hecho su efecto? En estos casos tengo muy claro que realmente lo que importa en esos videojuegos era ese momento. En mi caso siempre voy a decir que Sonic 3 es mi plataformas favorito porque la opción cooperativa que ofrecía ese título me ha permitido tener grandes momentos con mis padres. Y revisitar esos niveles es volver a esa época. Si me borras esa experiencia y ahora jugara sin tener esa mochila, puedo decir sin ninguna duda que sería un plataformas que no me gustaría e incluso quizás en el segundo mundo lo dejaría.
Y tengo tan claro ese hecho, que hay juegos que adoro que no oso acercarme a remasters o rejugarlos porque sé que la magia que les envuelve, se rompería. Porque hubo un momento que fue el perfecto y que ahora mismo no se cumpliría. Así que mejor seguir con ese buen regusto del recuerdo.
Mi periplo con Visions of Mana
Vamos a poner la carne en el asado con el causante de este escrito: Visions of Mana. Este videojuego lo empecé a jugar el 1 de agosto… de 2025. No me he equivocado con la fecha: hace justo un año que empecé la partida que actualmente ando intentando finalizar. Al ver un juego muy colorido y un estilo gráfico amigable, pensé que sería una buena propuesta para salir del mal sabor de boca que Expedition 33 me dejó. Y verdaderamente sus primeras 6-12 horas lo consiguieron.
Este videojuego tiene una música preciosa que calma y te hace desconectar. Además es sencillamente precioso y perderte por sus escenarios y simplemente contemplar los paisajes me llenaba no sabéis cuanto. Realmente parecía que era el momento adecuado e incluso el año pasado lo puse como uno de mis favoritos de 2025 hasta lo que llevaba jugado. Pero todo cambio cuando llegué a cierto punto de la historia. No voy a hacer spoiler pero lo resumiría en que los fantasmas que me dieron fuerte con Expedition 33, regresaron.
Fue tal el palo que estuve tres meses sin tocar el videojuego. Y cuando acabé Donkey Kong Bananza y al gustarme tanto, me dio las fuerzas para regresar a la obra de Square-Enix. Creando el conflicto de si valía la pena empezarlo de nuevo o seguirlo. Por suerte es un juego que refrescando alguna función específica puedes volver con bastante facilidad. Así que seguí un tramo más y llegó el siguiente parón. Uno no tan buscado y fue más que por cierta logística, solo he podido jugar en modo portátil en Switch 2 y la PlayStation 5 ha tenido que esperar.
Y justo un año después, aprovechando que ya voy mejor de tiempo y que he estado jugando de nuevo con la PS5 por Denshattack! creí que era ya el momento de cerrar el capítulo de Visions of Mana. Por suerte por tener tiempo sé que voy a conseguir quitarlo de la lista de pendientes. Pero sin duda me ha queda claro que ahora no estoy en un momento de disfrutar los JRPG.
El sentir que estoy más rato leyendo la pantalla (ya que el juego en voces no viene en español) y que no tienes libertad porque hay momentos en que sí o sí el juego quiere que realices una acción aunque a ti te gustaría estar explorando esa área para otras cuestiones, es algo que me frustra mucho viniendo de un juego arcade que tiene una jugabilidad muy variada y que te permite pasártelo de la manera que tú quieras. Vamos, que no imponen como en este caso que incluso hay ciertos retos que realmente no es tu habilidad como jugador. Si no que se junta mucha suerte y que sepas aplicar correctamente la estrategia que se diseñó para superar ese combate.
Denshattack! sí puedo considerar que ha sido un juego que ha llegado en el momento adecuado. Hasta el punto que tengo como ritual que cuando enciento la PS5, un nivel de ese videojuego cae sí o sí. U otro que tiene ese privilegio también: Astro Bot. Ponerlo cuando estoy en un momento complicado siempre me levanta el ánimo. No hace falta ni jugarlo. Ver los bots en la Zona de Colisión e interactuar con ellos es lo suficiente para entretenerme en ese contexto.
Mientras que Visions of Mana, realmente no era la experiencia que necesita. ¿Eso lo hace un mal juego? Desde luego que no. En mi grupo de amistades gamers, muchos lo han jugado y es un juego que ha dejado un buen sabor de boca y que incluso recomiendan de jugar. Y puedo entender sus impresiones porque tiene una buena historia y unos personajes que es imposible no tenerles cariño. Pero para mí esto no es suficiente y lo que ahora le pido a un videojuego que son otras parcelas, sintiéndolo mucho Visions of Mana hay que reconocer que se queda corto.
Y es por todo lo que os he compartido, que tengo muy claro que ir con la dualidad de bueno y malo en los videojuegos, es una visión errónea. Todos los juegos son buenos y van a portar cosas positivas si en el momento que decides darles una oportunidad, estas en la onda que plantean. E incluso en estos juegos que hay algo que hace que no conectemos, puede ser interesante no evaluarlos como negativo y dejarlos a la espera porque quizás en un tiempo, puedes cambiar de opinión y entonces sí poder ver ese prisma que a otros jugadores ha encantado y conectado.