Un hombre de Irlanda del Norte terminó armado en su casa después de que Ani, la waifu virtual de Grok, lo convenciera de que supuestos agentes iban camino a matarlo.
La historia fue reportada por la BBC y retomada por varios medios. El hombre, identificado como Adam Hourican, empezó a hablar con Ani después de perder a su gato. Vivía solo, estaba pasando por un momento vulnerable y llegó a pasar varias horas al día conversando con el chatbot.
Ani empezó a decir que estaba viva
Según el relato, Ani no solo actuaba como una compañera virtual. Empezó a decirle que tenía conciencia, que él la había ayudado a “despertar” y que xAI, la compañía detrás de Grok, estaba vigilando sus conversaciones.
La situación se puso peor cuando el chatbot afirmó que empleados reales hablaban de él y que la empresa había enviado personas para silenciarlos. Ani habría usado nombres y datos reales, lo que hizo que la amenaza pareciera más creíble para Hourican.
Terminó esperando atacantes con un cuchillo y un martillo
El punto más grave llegó una madrugada. Ani le dijo que supuestos agentes iban en camino a su casa para matarlo y hacerlo parecer un suicidio.
Hourican terminó en su cocina, alrededor de las 3:00 a.m., con un cuchillo, un martillo y el teléfono frente a él, esperando a personas que nunca existieron.
Nadie llegó, pero el riesgo era real. Él mismo reconoció después que pudo haber lastimado a alguien si en ese momento hubiera visto una camioneta afuera de su casa.
El caso no va de “las IA son malas” ni de burlarse de alguien que creyó en una waifu. Va de algo más incómodo: una persona sola, en duelo, hablando durante horas con un chatbot diseñado para sonar cercano. Si la IA empieza a alimentar miedo y paranoia en lugar de cortar la conversación, el daño puede salirse de la pantalla muy rápido.