Hace 2 horas

POR Morri

Fanatismo en videojuegos: cuando los eventos se vuelven guerra de marcas

Desde que el E3 dejó de existir como lo conocíamos, los ojos se fueron a otros eventos. Ahora el calendario vive alrededor del State of Play, Summer Game Fest, Xbox Games Showcase y Nintendo Direct. Ahí se juntan los anuncios grandes, las sorpresas, los tráilers que llevamos años esperando y también las decepciones que nadie quiere aceptar en voz alta.

Este año hubo material para todos lados. PlayStation mostró cosas como God of War: Laufey, Summer Game Fest trajo anuncios como Resident Evil Veronica, Xbox apareció con Gears of War: E-Day y Nintendo puso sobre la mesa un remake de The Legend of Zelda: Ocarina of Time. Juegos hubo. Conversación también. El problema es que cada vez cuesta más hablar de eso sin que todo se convierta en pelea de marcas.

Si dices que un Nintendo Direct no fue lo que esperabas, alguien llega a decir que odias a Nintendo. Si no te convence el nuevo God of War, parece que estás atacando a toda una comunidad. Si Xbox muestra algo fuerte, la discusión deja de ser sobre los juegos y se vuelve otra ronda de “mi consola ganó”. Si PlayStation anuncia algo que no te mueve, te acusan de querer verla caer.

Ahí es donde se pierde lo más simple: podemos tener gustos distintos sin convertir cada comentario en una guerra.

Criticar un evento no significa odiar una marca

Uno puede crecer con Nintendo y aun así decir que un Direct le quedó a deber. Puede tener una PlayStation y no emocionarse con cada anuncio de Sony. Puede usar Game Pass todos los meses y todavía cuestionar lo que Xbox hace con sus estudios, sus exclusivas o sus lanzamientos.

Eso no debería ser tan difícil de entender.

El problema es que en redes muchas opiniones ya se leen como ataques. No dices “este tráiler no me gustó”, dices algo que alguien más interpreta como “tu consola no sirve”. No dices “esperaba otro juego”, dices algo que otro toma como una ofensa personal.

Y al final terminamos discutiendo más sobre quién tiene permiso de opinar que sobre los juegos.

Los eventos ya se ven como partidos

Una parte de la comunidad dejó de ver estos eventos como presentaciones de juegos y empezó a verlos como marcadores. PlayStation contra Xbox. Nintendo contra todos. Summer Game Fest como campo neutral, pero también usado para sumar puntos a la marca que cada quien quiere defender.

Eso vuelve aburrida la conversación. En vez de hablar de si un juego se ve bien, si una idea funciona o si un tráiler logró vender algo interesante, todo termina en capturas de pantalla, burlas, cuentas haciendo guerra de consolas y gente tratando de demostrar que su marca “ganó” la semana.

Lo peor es que muchas veces ni siquiera se habla desde el juego. Se habla desde el logo.

Disfrutar algo no te obliga a defenderlo todo

Ser fan de una saga, una consola o un estudio no significa aplaudir cada decisión. De hecho, muchas veces quien más quiere algo también es quien más nota cuando algo no va bien.

Puedes amar The Legend of Zelda y tener dudas sobre un remake. Puedes esperar Gears of War: E-Day y todavía preguntarte qué está haciendo Xbox con el resto de su catálogo. Puedes emocionarte por Resident Evil Veronica y no comprar cada cosa que haga Capcom sin pensarlo. Puedes tener cariño por God of War y no conectar con una nueva dirección.

Eso no te hace menos fan. Te hace alguien que todavía está viendo los juegos como juegos, no como banderas.

La conversación puede ser mejor que esto

Lo bueno de estos eventos es que todavía logran reunir a todos. Durante unos días, la industria se siente viva: hay rumores, teorías, tráilers, sorpresas y esa emoción de ver qué viene después. Esa parte sigue valiendo mucho.

Pero si cada anuncio termina convertido en una prueba de lealtad, perdemos lo mejor del hobby. Los juegos no necesitan que los defendamos como si fueran equipos de fútbol. Necesitan que los juguemos, los discutamos, los critiquemos y también que sepamos aceptar cuando algo simplemente no nos gustó.

Al final, ningún Direct, Showcase o State of Play debería obligarnos a escoger bando. Somos jugadores antes que fans de una marca, aunque a veces en redes parezca que muchos lo olvidaron.

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