Hace 19 horas

POR Jidden

Reseña Neutral Game: Welcome to Elderfield — ¿Quién dijo que una granja tenía que ser un lugar tranquilo?

Hay juegos que quieren hacernos sentir cómodos, que nos dan una pequeña casa, un terreno para cultivar, unos cuantos vecinos simpáticos y una música relajante para que podamos olvidarnos de todos nuestros problemas durante unas horas.

Welcome to Elderfield parece querer hacer exactamente eso… hasta que aparecen los tentáculos. Y ahí es cuando uno empieza a sospechar que quizá mudarse a Elderfield no fue la mejor decisión.

El juego mezcla agricultura, exploración, relaciones, misterio y combate por turnos con una estética de horror bastante particular. La propuesta es sencilla de entender: construir una vida tranquila en un pueblo extraño mientras descubrimos qué demonios está pasando a nuestro alrededor.

Y digo extraño porque aquí prácticamente nada parece normal.

Bienvenidos a Elderfield. Todo está perfectamente bien… creo

La primera impresión que deja Welcome to Elderfield es bastante curiosa. Visualmente parece un juego tranquilo: tenemos nuestra pequeña parcela, podemos cultivar, explorar, pescar, relacionarnos con los habitantes y poco a poco ir construyendo nuestra vida en el pueblo.

Pero basta con mirar un poco más detenidamente para darse cuenta de que algo no encaja.

Los personajes son raros, las situaciones son raras, los lugares son raros y algunas de las cosas que podemos encontrar directamente parecen haber salido de una pesadilla.

Lo interesante es que el juego no necesita estar constantemente intentando asustarnos para conseguir esa sensación; simplemente hace que lo extraño sea parte de la normalidad, y funciona.

Hay algo bastante particular en caminar por Elderfield y encontrarte con un personaje que visualmente parece sacado de un manga de terror para después tener una conversación completamente cotidiana con él. Es difícil no poner cara de “¿por qué este señor tiene esa cara y por qué estamos hablando tranquilamente sobre mi cosecha?”.

Una granja bastante menos relajante de lo habitual

La idea de combinar un simulador de vida con horror no es nueva, pero Welcome to Elderfield consigue que ambas partes convivan de una manera bastante natural.

Durante un momento puedes estar pensando en qué plantar, qué recursos necesitas o con quién quieres hablar, y al siguiente estás enfrentándote a una criatura que claramente no debería estar cerca de una granja.

El contraste es probablemente una de las mejores cosas del juego, porque la agricultura y las actividades cotidianas no eliminan el horror; al contrario, hacen que este destaque más.

Cuando todo es oscuro, grotesco y peligroso, eventualmente nos acostumbramos, pero cuando puedes pasar de cuidar tus cultivos a encontrarte con algo completamente perturbador, la sensación cambia.

Y Elderfield entiende bastante bien ese concepto.

Aquí todo el mundo es raro

Los personajes son probablemente uno de los elementos que más me llamaron la atención, no necesariamente porque todos tengan una profundidad narrativa enorme, sino porque visualmente son muy particulares.

Las ilustraciones ayudan muchísimo: cada conversación puede producir esa sensación de estar hablando con alguien que debería resultar normal, pero hay algo en su rostro, en su diseño o en la situación que hace que inmediatamente pienses “aquí pasa algo raro”.

Y eso me gusta, porque el juego no necesita explicarte constantemente que sus habitantes son extraños; simplemente los pone delante de ti y deja que tú saques tus propias conclusiones.

Hay personajes que parecen simpáticos, otros que parecen sospechosos y otros que directamente parecen haber cometido algún tipo de crimen contra la anatomía humana.

Y lo mejor es que todos viven aquí como si fuera lo más normal del mundo.

El pixel art puede hacer mucho con muy poco

No estamos ante un juego que necesite presumir de gráficos hiperrealistas, y tampoco debería hacerlo.

Welcome to Elderfield apuesta por el pixel art, acompañado de ilustraciones dibujadas a mano para determinados momentos, y creo que es una decisión que le queda bastante bien.

No es el pixel art más impresionante que haya visto, pero tampoco necesita serlo; lo importante es que se ve especialmente bonito.

Los escenarios tienen suficiente personalidad para que explorar resulte agradable, y la estética siniestra está muy bien integrada en el diseño general. Aquí es donde el juego demuestra que tener pocos píxeles no significa tener poca personalidad.

De hecho, algunos de los diseños más extraños funcionan precisamente porque el estilo permite exagerar determinadas formas, rostros y criaturas.

Y cuando el juego quiere ponerse desagradable, se pone desagradable.

Cuando una cara dice más que mil palabras

Una de las cosas que más me gustan visualmente es precisamente el diseño de los personajes: las ilustraciones consiguen transmitir esa sensación incómoda que busca el juego.

No estamos hablando únicamente de criaturas monstruosas; incluso algunos personajes que deberían ser completamente normales tienen algo en su diseño que genera cierta incomodidad, y eso hace que las conversaciones tengan una personalidad particular.

No sé cómo explicarlo mejor: cada vez que aparecía una ilustración de un personaje, mi cara cambiaba automáticamente.

No porque necesariamente estuviera viendo algo aterrador, sino porque había algo que simplemente no terminaba de sentirse bien.

Y creo que esa es exactamente la reacción que el juego busca.

Una banda sonora que entiende perfectamente dónde estamos

La música es otro de los elementos que ayudan muchísimo a construir Elderfield.

La banda sonora tiene ese estilo oscuro y ambiental que acompaña perfectamente lo que estamos viendo, y no necesita estar metiendo sonidos estridentes cada cinco segundos para recordarnos que estamos jugando algo relacionado con el horror.

Simplemente crea una atmósfera, y eso me parece mucho más efectivo.

Puedes estar haciendo algo tan tranquilo como recorrer el pueblo o encargarte de tus cultivos, pero la música mantiene esa sensación de que algo no está bien.

Es una de esas bandas sonoras que probablemente no llamarían tanto la atención si las escucháramos fuera del juego, pero dentro de Elderfield cumplen exactamente su función.

Y en un juego donde buena parte de la experiencia depende de la atmósfera, eso es importante.

Aquí también hay que pelear

Y entonces llegamos al combate.

Welcome to Elderfield utiliza un sistema de combate por turnos, con el correspondiente componente de azar que suele acompañar a este tipo de sistemas.

Y aquí tengo que hacer una confesión: el RNG y yo no somos precisamente mejores amigos.

No es que el sistema esté mal diseñado; de hecho, funciona como uno esperaría de un RPG por turnos, con nuestras habilidades, enemigos, recursos y decisiones que tomar durante los enfrentamientos.

Pero personalmente nunca he sido demasiado fanático de que una acción que considero correcta pueda terminar dependiendo de un número que decidió que hoy no era mi día.

Ese momento en el que piensas “perfecto, tengo la estrategia preparada” y el juego responde “sí, pero no”.

Es una cuestión completamente personal, pero inevitablemente hace que el combate me resulte menos satisfactorio de lo que podría ser para alguien que disfruta más de este tipo de sistemas.

Aun así, el combate encaja bien dentro de la propuesta general, porque Elderfield no quiere ser solamente un simulador de granja: quiere que también tengamos motivos para prepararnos, conseguir recursos y enfrentarnos a las cosas que están esperando fuera.

El verdadero enemigo podría ser el inglés

Y aquí tenemos uno de los problemas más importantes que encontré durante mi experiencia: la barrera del idioma.

En la versión que jugué, la falta de traducción al español complicó bastante la experiencia, y esto es especialmente importante en un juego como Elderfield.

No estamos hablando de un título donde simplemente tenemos que seguir una flecha hasta el siguiente objetivo y golpear enemigos; aquí las conversaciones, los personajes, los misterios y la información que vamos recibiendo forman una parte importante de la experiencia.

Si no tienes un buen dominio del inglés, inevitablemente vas a perder matices, y eso es una lástima, porque precisamente una de las cosas que más llama la atención del juego son sus personajes y todo lo extraño que ocurre alrededor de ellos.

Leer una conversación mientras intentas traducir mentalmente lo que está pasando puede romper bastante la inmersión, y en un juego basado en descubrir qué demonios está sucediendo en Elderfield, entender lo que la gente te está diciendo debería ser parte fundamental de la experiencia.

Y técnicamente… bueno, es pixel art

Aquí tampoco tenemos demasiado que discutir.

Welcome to Elderfield no es precisamente el juego que va a poner a sudar a tu tarjeta gráfica, y eso es algo positivo.

Estamos ante un juego en pixel art que debería poder funcionar en prácticamente cualquier equipo relativamente moderno, sin que tengamos que preocuparnos demasiado por temperaturas, configuraciones gráficas absurdas o preguntarnos si nuestra PC sobrevivirá a la siguiente escena.

Lo instalas, lo ejecutas y a jugar.

Y sinceramente, para un juego de estas características, eso es exactamente lo que quiero.

Además, el rendimiento no necesita esconderse detrás de una enorme cantidad de efectos visuales para conseguir que Elderfield tenga personalidad: el trabajo artístico hace buena parte del esfuerzo.

El horror está en que todo parece normal

Creo que esta es, al final, la idea que mejor resume la experiencia.

Welcome to Elderfield no intenta convertir cada minuto en una experiencia de terror, y tampoco lo necesita.

Su mayor virtud está en conseguir que algo cotidiano tenga un pequeño componente de incomodidad: cultivar, pescar, hablar con un vecino, explorar, volver a casa… y de repente encontrarte pensando “espera, ¿qué demonios acabo de ver?”.

Ese contraste es el que hace que Elderfield funcione, porque debajo de todas esas mecánicas de simulación hay un mundo que claramente no está bien.

Y cuanto más tiempo pasamos allí, más queremos entenderlo.

Lo mejor

  • Una estética siniestra que consigue transmitir muy bien la identidad del juego.
  • El pixel art, sencillo pero especialmente bonito.
  • Los diseños e ilustraciones de los personajes.
  • La sensación constante de que algo no está bien.
  • Una banda sonora oscura que complementa perfectamente la ambientación.
  • El contraste entre actividades tranquilas y elementos de horror.
  • Un combate por turnos que encaja con la propuesta.
  • Un rendimiento muy ligero.
  • La personalidad de sus personajes.
  • La combinación de simulación de vida y horror.

Lo peor

  • La falta de traducción al español en la versión que jugué complica bastante la experiencia.
  • El RNG del combate puede resultar frustrante si no somos aficionados a este tipo de sistemas.
  • Algunas mecánicas pueden sentirse demasiado familiares dentro del género.
  • El pixel art es bonito, aunque técnicamente no destaca demasiado.
  • La cantidad de sistemas puede hacer que algunas partes de la experiencia pierdan protagonismo.

Veredicto Neutral Game

Welcome to Elderfield es un juego extraño, y lo digo como algo positivo. No intenta ser simplemente otro simulador de granja en el que cultivamos tomates, hacemos amigos y eventualmente nos casamos con alguien del pueblo.

Aquí también podemos cultivar cosas que probablemente no deberíamos estar cultivando, conocer personajes que parecen haber escapado de una pesadilla, escuchar una banda sonora que nos recuerda constantemente que algo no está bien y terminar enfrentándonos a criaturas que hacen que nuestra pequeña granja parezca el lugar menos seguro del mundo.

Su mayor fortaleza está precisamente en esa mezcla. Elderfield consigue que lo cotidiano y lo siniestro puedan convivir en el mismo espacio sin que uno termine anulando al otro.

Visualmente no pretende competir con grandes producciones, pero tampoco lo necesita: su pixel art funciona, las ilustraciones tienen personalidad y la estética consigue transmitir bastante bien esa sensación de estar viviendo en un pueblo donde las cosas no deberían ser como son.

La música hace su parte, el rendimiento prácticamente no da motivos para quejarse y los personajes son suficientemente extraños como para que cada conversación pueda terminar provocándonos una pequeña expresión de desconcierto.

El combate, por otro lado, cumple, aunque personalmente el RNG le resta algunos puntos: nunca he sido demasiado amigo de dejar que un dado decida si mi estrategia funcionó o si mi personaje acaba convertido en comida para algún monstruo.

Y luego está el idioma. Para mí, es probablemente el mayor obstáculo. Un juego que pone tanto énfasis en sus personajes, conversaciones y misterios pierde parte de su encanto cuando tienes que estar traduciendo constantemente lo que estás leyendo.

Pero hay algo que Welcome to Elderfield hace bastante bien: consigue que quieras saber qué demonios está pasando. Y creo que para un juego construido alrededor del misterio y el horror, no hay mejor carta de presentación.

No sé si quiero vivir en Elderfield. Probablemente no. Pero sí quiero seguir descubriendo qué hay detrás de ese pueblo. Porque cuando un juego consigue que mirar a un personaje extraño, escuchar una música inquietante y caminar por una granja aparentemente normal te haga pensar “aquí definitivamente hay algo que no me están contando”, entonces ha conseguido exactamente lo que quería.

Welcome to Elderfield no es una granja tranquila. Es una granja donde probablemente deberías revisar debajo de la cama antes de dormir.

Y quizá también debajo de los cultivos.

Calificación Neutral Game: 7/10

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