Hace 4 meses

POR Morri

“No espero nada de él”: El sindicato de Ubisoft exige la renuncia inmediata del CEO Yves Guillemot tras la “traición” del regreso a la oficina

La situación en Ubisoft ha pasado de ser una preocupación financiera a convertirse en un conflicto abierto y hostil entre la fuerza laboral y la cúpula directiva. Si pensábamos que la compañía francesa había tocado fondo con las cancelaciones de proyectos y los reportes financieros decepcionantes, hoy, 3 de febrero de 2026, la crisis interna ha escalado a un punto de no retorno. Representantes sindicales de la desarrolladora han salido públicamente a pedir lo que muchos empleados murmuran en los pasillos y foros internos: la renuncia inmediata e irrevocable del CEO histórico, Yves Guillemot.

En una entrevista explosiva concedida al medio Game Developer, Marc Rutschlé y Chakib Mataoui, desarrolladores de Ubisoft Paris y representantes del sindicato Solidaires Informatique, pintaron un cuadro desolador sobre el clima actual en la empresa. La palabra clave ya no es “reestructuración” ni “ajuste”, sino “traición”.

La gota que derramó el vaso: El mandato RTO

El detonante de esta revuelta fue el reciente anuncio de un “reinicio” (reset) corporativo que incluye cierres de estudios, más recortes de costos y, lo más polémico, un mandato de retorno a la oficina (RTO) de cinco días a la semana.

Para Rutschlé y Mataoui, esta política no es una estrategia de productividad, sino una falta de respeto total hacia el bienestar de la plantilla y una ruptura de acuerdos previos. “La mayoría de los empleados entraron en pánico con el anuncio porque comenzaron sus vidas muy lejos de París y de sus estudios”, explicó Mataoui. La realidad es cruda: muchos trabajadores se mudaron confiando en los acuerdos de trabajo remoto que la empresa facilitó anteriormente, y ahora se les exige volver a vivir en una de las ciudades más caras del mundo con salarios que no compensan el costo de vida en la capital francesa.

Rutschlé fue aún más directo, describiendo la sensación interna como de “fatalidad inminente” (doom). Lo más grave es la falta de justificación. Cuando el sindicato pidió a la directiva documentación, análisis o datos que demostraran que volver a la oficina mejora la creatividad o la producción, la respuesta fue el silencio. No tienen datos. “Como representante sindical, mi reacción es: ‘¿Qué demonios, hombre?’ (What the fuck, man?)”, comentó Rutschlé. La sospecha generalizada es que esta medida no busca eficiencia, sino forzar renuncias masivas para evitar pagar liquidaciones, una táctica conocida como “despido constructivo”.

El liderazgo de Guillemot: Nepotismo y “Yes Men”

Pero el problema va más allá de dónde se sientan a trabajar. Los representantes sindicales apuntan directamente a la cabeza de la serpiente. Yves Guillemot, quien ha liderado la compañía durante décadas, es visto ahora como el principal obstáculo para recuperar la confianza y la viabilidad creativa del estudio.

“Es su empresa, al final del día. Pero todos a su alrededor son solo hombres que le dicen que sí a todo (yes men)”, afirmó Rutschlé. Esta cultura de adulación y falta de crítica interna fue señalada como una de las causas que permitieron que el escándalo de acoso sexual y cultura tóxica de 2020 floreciera bajo sus narices sin que nadie interviniera.

Mataoui también criticó duramente el nepotismo dentro de la empresa, citando la decisión de Yves de nombrar a su hijo, Charlie Guillemot, como co-CEO de una nueva subsidiaria que manejará algunas de las franquicias más grandes de la compañía. “Si solo pones a tus amigos hombres blancos en esos puestos, no promueves la diversidad ni obtienes nuevas opiniones”, señaló Mataoui. En una industria creativa que vive de la innovación, la falta de ideas frescas y la endogamia corporativa son sentencias de muerte. “No tenemos esa mentalidad para la creatividad”, lamentó.

Un puente quemado y el “Odio” interno

La confianza está rota. Los sindicatos aseguran que la directiva falló miserablemente en reconstruir los puentes con los empleados tras los escándalos de abuso de 2020 y la desastrosa incursión en el mercado de los NFTs, que solo sirvió para alienar aún más a la fuerza laboral y dañar la imagen pública de la marca.

“Creo que el nivel de odio que la gente tiene hacia él [Guillemot] significa que debería irse. Entonces, podríamos intentar construir algo de confianza de nuevo”, sentenció Rutschlé. La frase es lapidaria. Cuando tus propios desarrolladores sienten “odio” hacia el liderazgo, la operatividad de la empresa está comprometida. Rutschlé fue tajante al ser cuestionado sobre si esperaba un cambio de liderazgo: “Seguro. No espero nada de este tipo”.

Llamado a la huelga internacional

La entrevista concluye con un llamado a la acción global. Rutschlé y Mataoui instan a los trabajadores de Ubisoft en todo el mundo —especialmente en estudios clave e influyentes como Ubisoft Montreal— a organizarse para proteger su futuro. “Únanse a los sindicatos. Al menos organícense en su lugar de trabajo, porque nuestros jefes hablan entre ellos, así que nosotros deberíamos hacer lo mismo”.

La tensión no se quedará en palabras. Se ha convocado a una huelga internacional para finales de este mes, liderada por Solidaires Informatique y otros cuatro sindicatos en Francia. Ubisoft se encuentra en una encrucijada existencial. Con un plan de reducción de costos de 500 millones de euros hasta 2028 y una fuerza laboral en pie de guerra, la permanencia de Yves Guillemot parece cada vez más insostenible. La pregunta ya no es si Ubisoft puede hacer buenos juegos, sino si puede sobrevivir a su propia gestión.

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