Mina the Hollower llega con el peso de Yacht Club Games encima. Es imposible no pensar en Shovel Knight cuando ves el nombre del estudio, pero aquí la comparación se acaba más rápido de lo que parece. Me acerqué por lo que significaba Shovel Knight, pero me quedé por Mina.
Jugué la versión completa en Steam y terminé la aventura en unas 26 horas. Es un juego grande, mucho más grande de lo que podría aparentar por su estilo retro, pero nunca sentí que estuviera estirado. Siempre había una zona nueva, un jefe pendiente, una mejora por encontrar o una pantalla que me hacía pensar: “bueno, solo una más”.
Esa es la trampa de Mina the Hollower. Parece un juego de otra época, pero está armado con una precisión que lo hace muy difícil de soltar.
Parece de Game Boy Color, pero es mucho más grande de lo que aparenta
Mina the Hollower se ve increíble. En capturas puede parecer un juego chiquito, casi de otra época, pero cuando empiezas a jugarlo se nota que hay mucho más trabajo del que aparenta.
El estilo de Game Boy Color despierta nostalgia, claro, pero también ayuda a jugar. Las pantallas se leen bien, los secretos se pueden sospechar sin que el juego te los grite y cada zona tiene suficientes detalles para que quieras revisar antes de seguir.
Por momentos me sentí entre un Zelda clásico y un metroidvania, con esa sensación de avanzar, encontrar algo nuevo y quedarte pensando en qué zona anterior podrías volver a revisar. No es solo “mira qué bonito se ve retro”; Mina usa ese estilo para que explorar sea parte del juego desde el primer minuto.
El látigo manda, pero los objetos también cuentan
Jugué principalmente con el látigo, y la verdad es que se juega muy bien. Tiene buen alcance, buen ritmo y suficiente precisión para que cada pelea dependa más de ti que de la suerte.
Mina no se mueve como un personaje moderno lleno de ayudas. Aquí cada paso importa. Atacas, esquivas, te colocas, corriges y aprendes. Cuando fallas, casi siempre sabes qué hiciste mal.
Los objetos secundarios también tienen bastante peso. Usé varios, pero mi favorito fue uno que te permite atravesar enemigos y curarte. Ese tipo de herramientas cambia mucho la forma de entrar a una pelea, sobre todo cuando vas justo de vida o cuando una zona empieza a ponerse pesada.
Los trinkets y mejoras también hacen muy bien su trabajo. No son simples adornos para llenar menú. Conforme avanzas, Mina gana más opciones y la exploración se vuelve más interesante. Terminar una zona complicada y salir con algo útil se siente muy bien.
Difícil, pero con esa frustración buena
Mina the Hollower no es fácil. Y quien llegue esperando una aventura tranquila puede llevarse un golpe.
Hay jefes duros, zonas pesadas y momentos donde toca repetir hasta aprender. Puede frustrar, sobre todo si no vienes de juegos de la vieja escuela o si no te gustan los retos que te obligan a insistir.
Pero es una frustración distinta. No es de esas donde quieres soltar el control porque el juego hizo algo barato. Es más bien esa sensación de “sé que puedo”. Vuelves, corriges, pruebas otra ruta, cambias un objeto, aprendes el patrón y tarde o temprano cae.
Cuando por fin pasas una zona que te estaba costando, la satisfacción llega fuerte. Mina exige, pero también responde. Y eso hace toda la diferencia.
Jefes variados y exploración de la buena
Los jefes me parecieron excelentes. No todos te piden lo mismo y eso ayuda mucho en un juego de esta duración. Algunos van más por movimiento, otros por lectura de patrones, otros por aguantar presión o usar mejor tus herramientas.
No se sienten como el mismo jefe con otra cara. Cada uno tiene su propio ritmo, y eso mantiene viva la aventura.
La exploración también está muy bien. Hay secretos, zonas ocultas, bosses, mejoras y caminos que te hacen querer revisar todo. Mina the Hollower tiene esa cosa de los juegos viejos donde cada pared, cada esquina y cada pantalla pueden esconder algo.
Y cuando encuentras un secreto, no se siente puesto al azar. Muchas veces lo sospechabas. El juego te da pistas pequeñas, tú las sigues y la recompensa llega. Esa relación entre observación y premio está muy bien cuidada.
Música de NES y Game Boy, pero con fuerza propia
La música y el sonido son excelentes. Hay un recuerdo clarísimo a los juegos de NES y Game Boy, de esos que te mandan directo a tardes enteras frente a una pantalla vieja, pero Mina no suena como copia barata.
La música acompaña muy bien las zonas, las peleas y ese tono gótico de aventura maldita. Tiene melodías que se quedan, sonidos que ayudan a leer el combate y una energía que va perfecto con su estilo visual.
También ayuda que técnicamente mi experiencia fue limpia. No tuve bugs ni problemas de rendimiento. En un juego donde el combate, los saltos y los patrones importan tanto, eso importa muchísimo.
Lo Mejor
- El combate con látigo es preciso y muy satisfactorio.
- La dificultad es alta, pero casi siempre justa.
- Los jefes son variados y tienen retos distintos.
- La exploración está llena de secretos, zonas ocultas y recompensas útiles.
- Los trinkets y mejoras hacen que avanzar valga la pena.
- La estética retro ayuda a jugar mejor, no solo a verse bonita.
- La música y el sonido tienen un sabor brutal a NES y Game Boy.
- Dura unas 26 horas y no se hace pesado.
- No tuve bugs ni problemas técnicos.
Lo Peor
- La dificultad puede espantar a quien no disfruta repetir y aprender.
- Algunos momentos pueden frustrar bastante.
- No es una aventura ligera para jugar sin prestar atención.
Veredicto Neutral Game
Mina the Hollower no necesita vivir pegado al nombre de Shovel Knight. Yacht Club Games hizo una aventura enorme, difícil y muy bien medida, con combate preciso, exploración llena de secretos y jefes que no se sienten repetidos.
Su estilo retro no está usado como simple nostalgia. Sirve para leer mejor el mundo, encontrar pistas y darle forma a una aventura que mezcla Zelda clásico, algo de metroidvania y ese reto de la vieja escuela donde cada victoria se trabaja.
No es un juego para cualquiera. Si no te gusta repetir, aprender patrones o perder por errores propios, Mina puede darte más de un dolor de cabeza. Pero si disfrutas ese tipo de reto, aquí hay 26 horas muy bien armadas.
Llegué por el nombre de Yacht Club Games, pero terminé quedándome por Mina, por sus jefes, por sus secretos, por su música y por esa sensación de “una pantalla más” que los buenos juegos todavía saben provocar.