Hace 1 hora

POR Morri

Un 7 no es una mala nota, solo dejamos de entender cómo funciona una escala

Cada vez que un juego recibe un 7 pasa lo mismo.

“Está malo.”

“Esperaré a que baje de precio.”

“Qué decepción.”

Y si aparece un 6, parece que el estudio lanzó algo roto, injugable y hecho sin ganas. Mientras tanto, cualquier juego que quiera ser tomado en serio tiene que sacar 8.5, 9 o 10.

El problema no está en las calificaciones. Está en que llevamos años usando una escala del 1 al 10 donde, en la práctica, solo existen cuatro números.

6 es malo.
7 es mediocre.
8 es bueno.
9 es excelente.
10 es una obra maestra.

Entonces, ¿para qué tenemos los demás?

Un 7 significa que el juego es bueno

No hay que darle tantas vueltas.

Un 7 es un buen juego.

Tiene cosas que hace bien, otras que no terminan de funcionar y varios problemas que impiden ponerlo junto a los mejores del género. Aun así, puede ser divertido, tener buenas ideas y dejar momentos que recuerdes después de terminarlo.

No todos los juegos tienen que cambiar la industria.

Un RPG de acción puede tener un gran combate y mapas vacíos. Una aventura puede contar una historia interesante y tener misiones repetitivas. Un juego de terror puede asustarte muchísimo y arruinar parte de la experiencia con enemigos torpes.

Eso no vuelve malo a todo el paquete.

Solo significa que tiene defectos. Como la enorme mayoría de los videojuegos.

Un 7 debería servir precisamente para eso: reconocer que algo funciona sin fingir que está cerca de ser perfecto.

El 8 se convirtió en la nueva calificación mínima

Durante años, la gente fue empujando la escala hacia arriba.

Un 8 dejó de sentirse como una nota alta y comenzó a verse como lo mínimo que debe recibir un lanzamiento importante. Un 8.5 ya es “está bueno” y el 9 parece ser el número necesario para decir que realmente merece tu dinero.

Eso deja a los medios en una situación bastante ridícula.

Si le das 7 a un juego, te acusan de odiarlo. Si le das 8, algunos creen que apenas cumplió. Si le das 9, te dicen que te pagaron. Y si le das 10, tienes que defender durante semanas por qué no encontraste cada pequeño defecto.

La escala ya no mide qué tan bueno es un juego. Mide qué tanto miedo tiene la gente de aceptar una nota menor a 8.

En Neutral Game tampoco estamos libres de esto

También hay que mirarnos a nosotros mismos.

En Neutral Game hemos entregado varios 9 y calificaciones bastante altas. No porque alguien nos haya pedido inflarlas ni porque quisiéramos quedar bien con un estudio. En ese momento, para la persona que hizo la reseña, el juego realmente se sintió como un 9.

Y eso también es válido.

Una calificación no sale de una fórmula donde sumas gráficos, restas bugs y divides entre las horas de campaña. Hay juegos que conectan muchísimo contigo, que hacen exactamente lo que buscas y que terminan recibiendo una nota más alta de la que les daría otra persona.

Pero esa misma libertad debe existir hacia abajo.

Si un juego puede sentirse como un 9 para uno de nuestros reseñadores, otro puede ser un 8, un 7 o incluso un 6 sin que eso signifique que lo odiamos o que queremos destrozarlo. No todas las experiencias buenas tienen que acabar cerca del 10 para demostrar que las disfrutamos.

Quizá nosotros también hemos ayudado, aunque sea un poco, a acostumbrar al lector a encontrar tantos números altos. Por eso vale la pena revisar cómo usamos la escala y dejar claro que un 7 no es una humillación, sino una nota positiva.

No se trata ahora de bajar calificaciones por obligación para demostrar que somos más duros. Se trata de usar cada número sin miedo y explicar bien por qué está ahí.

No todo puede ser una obra maestra

Si cada juego bueno recibe 9, entonces el 9 deja de significar algo.

Una obra maestra debería ser uno de esos juegos que aparecen pocas veces. Algo que lleva su género a otro nivel, hace casi todo de forma increíble o consigue quedarse en la conversación durante años.

No puede haber veinte obras maestras cada temporada.

Hay juegos excelentes que merecen 9. Hay otros que hacen algo tan especial que se ganan el 10. Pero también debería existir espacio para juegos buenos, irregulares, imperfectos o simplemente entretenidos.

A veces quieres una experiencia que te cambie la vida.

Otras veces solo quieres pelear contra un jefe enorme, explorar un mundo bonito o pasar veinte horas con personajes que te caen bien.

Un juego no necesita ser una obra maestra para justificar el tiempo que pasaste con él.

También confundimos calificación con recomendación

Una nota no debería decidir por sí sola si debes comprar un juego.

Un 7 para una persona puede convertirse fácilmente en un 9 para otra.

Alguien que ama los juegos de pelea puede disfrutar muchísimo un título con poco contenido, siempre que el combate sea excelente. Otra persona puede odiarlo porque esperaba una campaña larga y decenas de modos.

Ambos están jugando exactamente lo mismo.

Por eso una reseña debería importar más que el número colocado al final. La calificación resume una opinión, pero no puede explicar si los problemas del juego realmente te van a molestar.

Puede tener mapas vacíos, pero quizá tú solo quieres buenos jefes.

Puede repetir enemigos, pero tal vez su historia te atrapó.

Puede durar diez horas, aunque para ti eso sea una ventaja y no una queja.

Leer únicamente el número es como ver la calificación de una película sin saber de qué trata.

Un 6 tampoco significa que todo sea basura

Incluso un 6 puede esconder algo interesante.

Puede ser un juego con fallos claros, sistemas que no terminan de cuajar o decisiones que lo frenan demasiado. Pero también puede tener una mecánica buenísima, una historia que valga la pena o un estilo que conecte con un público muy específico.

Hay juegos de 6 que terminan convirtiéndose en favoritos personales.

No porque la crítica estuviera equivocada, sino porque ninguna nota puede medir exactamente qué tanto vas a conectar con algo.

El error está en tratar cada calificación como una sentencia.

Un 6 no significa “prohibido jugar”. Significa que hay más problemas, que conviene revisar bien qué ofrece y que no será para todo el mundo.

Las calificaciones necesitan volver a tener espacio

Una escala del 1 al 10 debería usar todos sus números.

Un 5 tendría que ser un juego regular, no una catástrofe. Un 6, algo con ideas interesantes y bastantes problemas. Un 7, un buen juego. Un 8, uno muy bueno. Un 9, algo excelente. Y un 10, una experiencia realmente excepcional.

Eso permitiría hablar de los juegos con más honestidad.

No tendríamos que inflar cada nota para evitar que la audiencia piense que odiamos algo. Tampoco habría que colocar un 9 solo porque el juego viene de un estudio importante, costó millones o llevaba cinco años rodeado de expectativas.

No todos los buenos juegos son excelentes.

No todos los excelentes son obras maestras.

Y no todos los juegos imperfectos son malos.

Un 7 puede tener combates increíbles, personajes memorables y problemas que no se pueden ignorar. Puede hacerte pasar un gran fin de semana y aun así quedarse lejos de los mejores juegos que has probado.

Eso es exactamente para lo que sirve un 7.

No para castigar un juego.

Para decir que es bueno sin tener que fingir que es una obra maestra.

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