Arabia Saudita sería dueña de casi toda EA si se concreta la compra, según nuevo registro internacional
La posible venta de Electronic Arts ha dado un giro todavía mayor. Nuevos documentos presentados ante los reguladores antimonopolio de Brasil revelan que el Public Investment Fund (PIF) de Arabia Saudita pasaría a ser dueño de 93.4% de la compañía si la adquisición llega a completarse. El dato, descubierto por el Wall Street Journal, dibuja un panorama inédito para una de las editoras más grandes del mundo.
La operación, anunciada por primera vez en septiembre, ya era considerada histórica por su escala: 55 mil millones de dólares para convertir a EA en una empresa privada. Pero el desglose del reparto accionario confirma que la influencia saudí sería prácticamente total. Según los documentos, los otros participantes tendrían una presencia mínima: Silver Lake controlaría 5.5%, mientras que Affinity Partners, firma de capital privado fundada por Jared Kushner —yerno del presidente estadounidense Donald Trump—, se quedaría con 1.1%.
Una compra sin precedentes y bajo fuerte escrutinio
El interés del PIF en la industria del entretenimiento digital no es nuevo. En los últimos años ha aumentado su participación en compañías como Nintendo, Capcom, SNK y Embracer Group. Sin embargo, la compra de EA representaría un salto descomunal: no solo superaría cualquier adquisición previa del fondo, sino que sería una de las transacciones más grandes en la historia del sector tecnológico.
El monto total explica parte de la preocupación que rodea el proceso. De los 55 mil millones, alrededor de 20 mil millones corresponden a deuda. Aun así, los reportes indican que la operación debería avanzar sin mayores obstáculos regulatorios. Lo que sí podría convertirse en un desafío es la liquidez del propio PIF. Para asumir el control de EA, el fondo necesitaría desembolsar varios miles de millones adicionales durante el próximo año, una presión económica que ya ha sido mencionada por analistas internacionales.
Las reacciones tampoco tardaron. Diversos sindicatos de trabajadores del videojuego y organizaciones de derechos humanos han expresado su rechazo desde el primer anuncio. Sus preocupaciones se centran en el historial de Arabia Saudita en materia de libertades civiles, así como en el riesgo de que una participación tan dominante afecte la autonomía creativa en los estudios de EA. También señalan que la inversión forma parte de una estrategia más amplia del gobierno saudí para ganar influencia cultural global a través de deportes, entretenimiento, cine y videojuegos.
Qué significaría para EA
Hasta ahora, ni la compañía ni los futuros inversionistas han dado detalles sobre posibles cambios internos. Sin embargo, el mapa corporativo que plantean los documentos brasileños deja entrever que cualquier decisión estratégica quedaría en manos del PIF. Desde la dirección ejecutiva hasta la asignación de recursos, prioridades de desarrollo y decisiones editoriales, todo pasaría a depender —directa o indirectamente— de la aprobación saudí.
El propio CEO de EA, Andrew Wilson, abordó el tema en un comunicado reciente. En él, defendió el trabajo de los equipos internos y buscó transmitir confianza respecto al futuro de la empresa:
“Nuestros equipos creativos y apasionados han entregado experiencias extraordinarias a cientos de millones de fans, construido algunas de las IP más icónicas del mundo y generado un valor significativo para nuestro negocio. Este momento es un reconocimiento poderoso a su labor”.
Aunque Wilson evitó profundizar en los detalles del cambio de propiedad, sus declaraciones sugieren que la compañía intenta mantener una imagen de continuidad. No obstante, la duda persiste: ¿cómo afectará el nuevo control a series como FIFA, Battlefield, Dragon Age o Mass Effect? Una reestructuración de prioridades o presupuestos podría impactar tanto la línea de lanzamientos como la cultura de trabajo en sus estudios.
Un proceso que podría definir la próxima década del gaming
De aprobarse, la compra concretaría una de las transformaciones más radicales en la historia reciente del videojuego. Arabia Saudita no sería simplemente un inversionista más: se convertiría en el actor dominante detrás de una de las editoras con mayor peso global. Con ello, la influencia del PIF se extendería a múltiples géneros, franquicias y plataformas.
El proceso de aprobación aún tomará varios meses, posiblemente más de un año. Pero los documentos revelados esta semana confirman que la estructura propuesta es clara y no deja espacio para repartos más equilibrados. Si nada cambia, EA quedará bajo control casi absoluto del gobierno saudí a través de su fondo de inversión.
Mientras tanto, sindicatos, observadores de la industria y organizaciones internacionales seguirán de cerca cada paso. Lo que ocurra con EA no solo marcará el futuro de sus sagas, sino que también podría sentar un precedente para el tipo de actores que buscan dominar el entretenimiento interactivo en los próximos años.
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