Reseña Neutral Game: Diablo IV: El regreso del Paladín
Estas semanas he estado jugando lo que yo llamo la “maratónica de Diablo”: Diablo II, Diablo III y, por supuesto, Diablo IV, estrenando nada más y nada menos que al Paladín, disponible para quienes precompren la próxima expansión “Lord of Hatred”, que se lanzará este mismo año.
Y sí, desde aquí lo digo: tengo favoritismo.
Un tanque de guerra santo
Debo admitir que tengo cierto favoritismo por la clase desde el lanzamiento de Diablo III. Hay algo profundamente placentero en ser un tanque de guerra santo que usa la luz para predicar la palabra a base de martillazos, y créanme, Diablo IV no defrauda en esta nueva iteración.
Tanto si vienes de Diablo II como de Diablo III, te sentirás como en casa al ver de vuelta al Hammerdín, Auradín y otros -dines. En pocas palabras, aquí puedes aniquilar diablillos y diablotes con lluvias de martillos que orbitan a tu alrededor, machacando a todo lo que se mueva dentro del radio cual licuadora sagrada.
¿Prefieres otra cosa? También puedes ponerte en modo Capitán América, lanzar tu escudo a toda velocidad y verlo rebotar en las caras de tus enemigos como pinball, mientras aprovechas las probabilidades de bloqueo.
O, si eres de los míos, alzarte por los cielos y caer convertido en un maldito ángel, cuya sola presencia basta para hacer explotar a todo enemigo cercano. Sí: tus alas se encargan de desintegrar automáticamente toda presencia hostil mientras tú solo caminas, tirando facha.

Juramentos: el camino del Paladín
El Paladín no es solo espectáculo; también tiene distintas sendas para aprovechar sus talentos. El sistema de juramentos define claramente cómo quieres jugar:
- Leviatán, enfocado en potenciar tus habilidades a cambio de cargas de determinación.
- Justiciero, que marca enemigos con juicio y los hace estallar.
- Fanático, especializado en críticos, acumulando fervor para relanzar habilidades.
- Discípulo, que te permite convertirte en un poderoso Árbitro al encadenar habilidades de la misma rama.
Todo esto hace que experimentar con el Paladín sea divertidísimo.
Luces, partículas y puro placer visual
Y qué decir de los efectos visuales. Son hermosos y, sobre todo, satisfactorios. Si ya me encantaba la dirección de arte gótica de Diablo IV, ver esos destellos y olas de luz contrastando con la oscuridad de los enemigos es simplemente alucinante, y no exagero.
Incluso las habilidades básicas están llenas de partículas bien trabajadas, lo que hace que usar cualquier habilidad se sienta bien, contundente y con peso.

Conclusión: fe renovada
Sin mentir, no me había divertido tanto en Diablo IV desde su lanzamiento como hasta ahora. Recomiendo probar al Paladín esta temporada sin pensarlo mucho: es temáticamente brutal y, con todo eso del regreso de los males menores, encaja perfecto.
Además, es una temporada súper cómoda, tanto para jugadores nuevos como para quienes regresamos. Te equipas rápido y, en un abrir y cerrar de ojos, ya estarás haciendo llaves de nivel alto o farmeando equipo en cualquier actividad de mundo abierto.
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